Hace más o menos dos años escuché esta frase que venia directamente apuntándome a mi y por algunas actividades que había empezado hacia muy poco (*y por ende muy verde). La idea era: "Vos no lo haces porque le hace bien a los demás, sino que lo haces porque te hace bien a vos. Si no te haría bien a vos, no estarías haciendo nada."
En ese momento me quede pensando y tuve la sensación de ser un egoísta encubierto.
Durante el periodo que seguí haciendo esas cosas siempre me cuestione si era posible hacer algo por el bien de otro/a si es que ese algo no nos hace bien a nosotros también. Llegue a la conclusión que, yo al menos, no podía. Dado que era un egoísta entonces me pregunte mil veces si había un egoísmo bueno y un egoísmo malo.
Hoy tuve la suerte de leer la otra cara de la historia.
"Jamás hago cosas por los demás.
Uno piensa que este discurso suena muy egoísta. Y yo creo que es cierto que suena egoísta.. porque es un discurso egoísta.
Lo que pasa es que este no es el egoísmo mezquino y codicioso que estamos acostumbrados a pensar... Es el egoísmo de aquellos que se quieren suficientemente como para saber que son valiosos... y que tienen cosas para dar.
A veces, cuando yo digo esto, hay gente que cree que hablo en contra de la idea de solidaridad, en contra de la ayuda solidaria […] La idea de que si yo soy egoísta no voy a pensar en nadie más que en mí es la idea de creer que tengo un espacio limitado para querer, una capacidad limitada para amar, y que entonces, si lo lleno de mí, no me queda espacio para los demás.
Esta idea no solo es absurda, sino que además es absolutamente engañosa. No hay una limitación en mi capacidad de amar, no tengo limites para el amor, y por lo tanto tengo capacidad de quererme muchisimo a mi y muchisimo a los demás. Y de hecho, desde el punto de vista psicológico, es imposible que yo pueda querer a alguien sin quererme a mí […] Existen varios tipos de solidaridades, culposa, de conjuro, de inversión, de obediencia o de "hoy por ti, mañana por mí", toda esta solidaridad es de ida y, por supuesto, no tiene nada de altruista.
Pero hay un momento que descubro que no hay peligro de quedarme en ese lugar, porque si doy no me quedo vacío, que no soy yo como aquellos que reciben lo que doy y que nunca lo seré, que no me siento culpable de tener lo que tengo y que no necesito más de lo que tengo, y por ultimo, que lo que los otros dicen que debería hacer me tiene sin cuidado.
Y ahora yo sé que puedo elegir dar o no dar.
Entonces, conquisto el espacio donde todo esto no es más... importante.
Conquisto lo que yo llamo la autodependencia.
Y ahí descubro que mi valor no depende de la mirada del afuera.
Y me encuentro con los otros, no para mendigarles su aprobación, sino para recorrer juntos algún trecho del camino.
Y descubro el amor, y con él, el placer de compartir.”
En ese momento me quede pensando y tuve la sensación de ser un egoísta encubierto.
Durante el periodo que seguí haciendo esas cosas siempre me cuestione si era posible hacer algo por el bien de otro/a si es que ese algo no nos hace bien a nosotros también. Llegue a la conclusión que, yo al menos, no podía. Dado que era un egoísta entonces me pregunte mil veces si había un egoísmo bueno y un egoísmo malo.
Hoy tuve la suerte de leer la otra cara de la historia.
"Jamás hago cosas por los demás.
Uno piensa que este discurso suena muy egoísta. Y yo creo que es cierto que suena egoísta.. porque es un discurso egoísta.
Lo que pasa es que este no es el egoísmo mezquino y codicioso que estamos acostumbrados a pensar... Es el egoísmo de aquellos que se quieren suficientemente como para saber que son valiosos... y que tienen cosas para dar.
A veces, cuando yo digo esto, hay gente que cree que hablo en contra de la idea de solidaridad, en contra de la ayuda solidaria […] La idea de que si yo soy egoísta no voy a pensar en nadie más que en mí es la idea de creer que tengo un espacio limitado para querer, una capacidad limitada para amar, y que entonces, si lo lleno de mí, no me queda espacio para los demás.
Esta idea no solo es absurda, sino que además es absolutamente engañosa. No hay una limitación en mi capacidad de amar, no tengo limites para el amor, y por lo tanto tengo capacidad de quererme muchisimo a mi y muchisimo a los demás. Y de hecho, desde el punto de vista psicológico, es imposible que yo pueda querer a alguien sin quererme a mí […] Existen varios tipos de solidaridades, culposa, de conjuro, de inversión, de obediencia o de "hoy por ti, mañana por mí", toda esta solidaridad es de ida y, por supuesto, no tiene nada de altruista.
Pero hay un momento que descubro que no hay peligro de quedarme en ese lugar, porque si doy no me quedo vacío, que no soy yo como aquellos que reciben lo que doy y que nunca lo seré, que no me siento culpable de tener lo que tengo y que no necesito más de lo que tengo, y por ultimo, que lo que los otros dicen que debería hacer me tiene sin cuidado.
Y ahora yo sé que puedo elegir dar o no dar.
Entonces, conquisto el espacio donde todo esto no es más... importante.
Conquisto lo que yo llamo la autodependencia.
Y ahí descubro que mi valor no depende de la mirada del afuera.
Y me encuentro con los otros, no para mendigarles su aprobación, sino para recorrer juntos algún trecho del camino.
Y descubro el amor, y con él, el placer de compartir.”
Jorge Bucay
El camino de la autodependencia