Como dijo Spinoza, la esencia del humano es el deseo. Pero resulta que para ser deseantes tenemos que pagar el precio, una pérdida de ser porque no hay deseo sin falta. Nos realizamos en nuestro ser como deseantes y en el mismo momento en que nos realizamos como deseantes sufrimos una pérdida de ser. Esta es la condición esencial, estructural, que nunca termina, efecto negativo del fantasma que determina la pasión de ser. El ser humano está habitado por la pasión de ser, a la que ofrece las respuestas de cada tiempo de la historia. Por ejemplo, en la sociedad consumista la oferta es la acumulación de objetos, objetos de deseo –que no son lo mismo que el objeto causa de deseo- que la estructura del marketing y de la aceleración industrial basada en los desarrollos tecnológicos hacen que se apilen y donde cada objeto sumado al montón muestra el fracaso del anterior para remediar esta falta en el ser.
Pasión de ser que puede darse en los afectos, en el amor pasional, o en el odio como pasión. Y pasión que pueden darse también en los goces que taponan la falta. Goces variados, goces parasitarios, desde el más antiguo que figura en la Biblia, la droga más barata, el alcohol, hasta el abanico de las drogas contemporáneas; o el erotismo degradado a una dimensión utilitaria; o los pequeños goces múltiples, variantes modernas de eso que los romanos llamaban ‘pan y circo’.
Esta pasión de ser que nos constituye, sitúo su origen en esta constitución estructural, es la lógica de un efecto, el efecto sujeto, que se constituye al precio de una falta que no soporta. Es lo que Milan Kundera llamaba la insoportable levedad del ser.
Pasión de ser que también se sostiene en el palimpsesto de la estructura: el tiempo primero al cual el sujeto deberá superar para constituirse, no está garantido como definitivamente ausente, es posible la regresión. El neurótico es aquél que rebaja su deseo a la demanda del Otro.
Por último, esta pasión de ser se acentuó en el último siglo, en lo que Lacan, siguiendo a Claudel, llamó el padre humillado. De cualquier modo no hay padre que se iguale a su función. En la teoría lo llevó a Lacan a proponer dos conceptos que se anudan: el de perè-version, lo perverso de la intervención del padre además de las versiones al padre y el remedio a esa perversión que llamó sinthôme. Al final de su enseñanza, Lacan como Freud, avanzó en su teoría poniendo de manifiesto que había descubierto un límite a su producción anterior. También podemos suponer, a los análisis que había conducido. No es posible propiciar una buena constitución de la estructura del sujeto sin algo que él teorizó como cuarto anillo, lo llamó sinthôme, que venga a remediar una falla que digo necesaria, no contingente. Este cuarto anillo también son artificios, su consistencia implica lo real y llamarlo artificio es reconocer que así como nuestra estructura no es natural precisa de remedios que no lo son. La teoría del sinthôme va ligada a una teoría ya no solo de la repetición sino de la creación. Se trata de artificios cuya función esencial –recuerdo la primer definición de nosotros como sustancia gozante- es anudar del mejor modo los registros que regulan la circulación del goce.
Fragmento de: "La erótica del poder" - Por Isidoro Vegh
http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=2778
http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=2778
0 comentarios:
Publicar un comentario